Prólogo
El estudio de los procesos psicológicos
es la puerta de entrada a la psicología, y constituye, por tanto, la
fundamentación imprescindible para comprender y profundizar en el conocimiento
de la misma. Así pues, nos encontramos ante un libro de carácter introductorio,
lo que constituye una tarea altamente interesante y, al mismo tiempo,
desafiante. Nos obliga a abordar una amplia información, que se encuentra muy
dispersa entre sí, y que necesariamente debe presentarse de forma coherente y
ordenada. Para conseguirlo, hay varias preocupaciones que han guiado en todo
momento su elaboración: por una parte, el rigor, la precisión y la formalidad
de los contenidos recogidos.
El temario se ajusta estrictamente, tanto en su estructura
como en los contenidos del mismo, a lo que formalmente se corresponde con los
«procesos psicológicos», dejando fuera otras perspectivas que, aunque sean
cercanas, no cumplen los objetivos de rigor y relevancia. Todo esto ha
permitido profundizar en los contenidos relevantes, sin por ello sobrecargar
innecesariamente el propio temario. De cualquier forma, lo que no pretende ser
de ninguna manera esta obra es el convertirse en una colección enciclopédica de
conocimientos, sino que su realización ha sido guiada por la selección y
síntesis de los contenidos más significativos.
Un objetivo importante, que ha preocupado y guiado su realización,
tiene que ver con los aspectos didácticos. Así, todos los capítulos incluyen un
resumen de los contenidos que en él son desarrollados. Este resumen debe servir
tanto para preparar la lectura del tema, facilitando la comprensión del mismo,
como para repasar posteriormente los principales contenidos, sirviendo de guía
conceptual. Además, se ha considerado oportuno introducir un resumen adicional
al final de aquellos epígrafes que pudieran tener una mayor dificultad, bien
por su longitud o bien por su densidad de contenidos. Asimismo, cada uno de los
capítulos se inicia con una breve introducción y una relación de los objetivos
que se pretenden alcanzar, ayudando de este modo a su comprensión y
seguimiento, al focalizar la atención del lector en los aspectos que en él se
han querido resaltar. La propia estructura de los capítulos pretende ser un
esquema de los mismos, que ayude a estructurar los contenidos que en él se
recogen. Dentro del texto se han resaltado aquellos aspectos que tienen una
mayor importancia conceptual o que merecen una especial dedicación. Por último,
el libro también incluye un índice temático, que permite al lector la búsqueda
transversal de contenidos, independientemente de la presentación secuencial del
propio libro.
A pesar de los cuidados que se han tenido al desarrollar
el libro, el lector no se encontrará totalmente libre de dificultades para seguir
la obra. El propio contenido de la misma, que obliga a un cambio temático y
terminológico en cada capítulo, es probablemente la mayor dificultad a la que
debe enfrentarse. Pero se trata de un problema inherente a los propios
contenidos abordados y que, por tanto, no es fácilmente salvable.
El libro se estructura en diez capítulos. Han sido
organizados en un orden que, creemos, les da sentido conceptual y pedagógico.
El capítulo 1 nos introduce en la noción de psicología como ciencia. En él se
hace una descripción sucinta de sus fundamentos teóricos y metateóricos, así
como de 1a metodología empleada y de los problemas asociados a ella.
Siguiendo la elaboración secuencial del procesamiento de
la información, el capítulo 2 nos introduce en el estudio de la atención. En él
se analizan los modelos teóricos más relevantes y la exploración de los
recursos atencionales mediante procesos controlados y automáticos.
El capítulo 3 nos sitúa en el siguiente estadio de
procesamiento, la percepción. Estudiaremos cómo el sistema cognitivo integra la
información sensorial y nos permite iomar conciencia de aquello que captan
nuestros órganos de los sentidos. A tal efecto, se facilita una exposición
detallada de las principales formulaciones teóricas sobre los principios de la
organización perceptual y sobre el reconocimiento visual de objetos.
En el capítulo 4 se presentan, de forma compendiada, los
paradigmas básicos de aprendizaje, el condicionamiento clásico y el
instrumental (también denominado operante). En ambos casos se hace una
descripción de las variables implicadas, así como del procedimiento a seguir
para condicionar la respuesta y de los distintos tipos de programas utilizados
para este fin.
En el capítulo 5 se tratan tres áreas básicas de pensamiento:
el razonamiento, la resolución de problemas y el aprendizaje de conceptos
(categorización).
El capítulo 6 versa sobre la memoria. Se describen tanto
sus aspectos estructurales (clases de memoria, capacidad, duración y tipo de
código predominante en cada una de ellas) como de proceso (procesos de
búsqueda, de recuperación de información y de olvido).
El capítulo 7 proporciona una perspectiva general sobre la
psicología del lenguaje. En él se detallan tanto los aspectos netamente
lingliísticos o gramaticales' como los relacionados con su uso contextual o
pragmático, su desarrollo evolutivo o su vinculación con el pensamiento.
Asimismo, se aborda el lenguaje como instrumento clave en la comunicación
interpersonal, y se analizan los principales factores (verbales y no-verbales)
que modulan la transmisión de información durante la comunicación.
El capítulo 8 describe el proceso que confiere energía y
dirige la conducta hacia su meta: la motivación. Se tratan, además, los
factores básicos implicados en el proceso motivacional: sus determinantes
externos e internos, y los factores que activan, organizan y dirigen la
conducta. Se establece, también, una distinción entre motivos primarios o
innatos y secundarios o aprendidos, y se describen aquellos de mayor
relevancia.
El capítulo 9 nos introduce en el estudio de emoción. Al
igual que en la motivación, se ofrece una descripción de los elementos básicos
que configuran el proceso emocional: la valoración cognitiva de la situación y
la activación de la respuesta emocional asociada a ella. Adicionalmente, se
establece una distinción entre emociones primarias (innatas y estereotipadas) y
secundarias (más susceptibles al aprendizaje y la experiencia).
Estos procesos, tratados por separado, se ensamblan o
integran para dar lugar a procesos más generales, como la inteligencia, la
personalidad y el comportamiento normal versus anormal. Al estudio de estos
procesos holísticos hemos dedicado el último capítulo. En él se describen las
principales orientaciones en el área de la inteligencia y la personalidad, se
analizan los factores que inciden en ellas y se describe la metodología
utilizada en su evaluación. Por último, se realiza un breve repaso de las
distintas orientaciones teóricas desde las que se ha abordado el estudio de la
conducta anormal.
En cada capítulo las referencias bibliográficas se han
seleccionado bien basándose en su carácter clave dentro del área, bien en la
recopilación de conocimientos que hacen de ella. Se ha procedido de esta manera
para no extendemos excesivamente en la cita de investigaciones puntuales.
También, porque tanto las referencias a los trabajos «clave» como a los de
revisión de cada tema, proporcionan al lector una herramienta para ampliar
conocimientos en las áreas que sean de su interés.
En todo momento ha guiado nuestro ánimo el hacer un texto
lo más claro posible. A pesar de ello, somos conscientes de que, sin duda, se
podrán apreciar pequeños errores que el lector será capaz de subsanar; y
limitaciones mayores, debidas a los propios autores, que esperamos sepan
disculpar.
Por último, aunque en la portada de este libro figuren nuestros
nombres como autores del mismo, nada más lejos de la verdad, ya que lo que aquí
se recoge es fruto del trabajo de cientos de investigadores que han aportado su
«grano de arena » al saber psicológico y nosotros nos hemos limitado a recoger
aquellas aportaciones que nos han parecido más relevantes y a organizarlas de
la forma más didáctica que hemos sabido. También hay otras personas a las que
quisiéramos resaltar, en este caso con nombre y apellidos, que de una u otra
forma han colaborado y sufrido en la realización de esta obra. A Raúl
Cabestrero Alonso, por su paciente lectura del manuscrito. A Javier Pérez
Pareja, por desesperar mientras escribíamos estas líneas. A Eva María y Jaime
Martín Díaz, por su paciente espera en la terminación del libro. A Ana, Diego y
Laura, por los mismos motivos. Y, cómo no, a Conchi, Carmen y Concha.
Madrid,
julio de 2001.
- Introducción al estudio de los
procesos psicológicos
-
Introducción y
objetivos
Al hablar de psicología, es posible que algún lector
espere encontrar referencias al inconsciente, el super-yo o a un yo
trascendente, es decir, conceptos pertenecientes al psicoanálisis o a la
psicología humanista. Pero las escasas aportaciones científicas de estas
orientaciones al estudio de los procesos psicológicos, hacen que las menciones
que pueda encontrar a estos enfoques sean mínimas. Por el contrario, va a
hallar referencias a otras orientaciones, que han tenido menos eco social, por
lo que antes de abordar el estudio de los procesos psicológicos, se hace necesaria
esta introducción. Su objeto es delimitar, perfilar y contextualizar qué es lo
que el lector puede esperar de esta obra y qué cosas se han excluido
intencionadamente de la misma. Para lograr estos fines, tendremos que referimos
al campo de estudio de la psicología, a su finalidad, a los métodos y a las
técnicas que utiliza.
Objetivos
El primer objetivo de esta introducción al estudio de los
procesos psicológicos es un escueto acercamiento histórico a los orígenes y
evolución de la psicología (epígrafe 2). Con ello se pretende que el lector
pueda realizar una clara diferenciación entre lo que es la psicología
científica, que constituye nuestro objeto de interés, y lo que no lo es.
El segundo objetivo es delimitar qué es la psicología y
qué representa, dentro de ésta, la psicología de los procesos (epígrafe 3).
Para ello se contrasta con otras disciplinas que también tienen por objeto el
estudio de la actividad humana, aunque desde otras perspectivas y, asimismo, se
delimita la psicología de los procesos de otras psicologías, como las
aplicadas, la evolutiva, la social, la diferencial, etc.
Un elemento central en el estudio de los procesos
psicológicos es su enmarque dentro de la psicología científica, a cuyas
características y vicisitudes se dedica el epígrafe 4. Se trata de una de las
señas de identidad en el estudio de procesos psicológicos, por lo que estudiar
sus posibilidades y limitaciones debe ayudar a entenderlos.
Por último, como marco de referencia, para abordar en los
siguientes capítulos el estudio de la atención, la percepción, el aprendizaje,
la memoria, el pensamiento, el lenguaje, la motivación y la emoción, es preciso
hacer una referencia y reflexión al método empleado en su estudio, que es el
método experimental (epígrafe 5).
-
Orígenes y evolución
de la psicología
El término «psicología» etimológicamente significa tratado
del alma o de la mente, e históricamente su estudio se pierde en los albores de
las primeras civilizaciones. Pero lo que nos interesa al introducir el estudio
de los procesos psicológicos es la «psicología científica», por lo que nos
centraremos en delimitar tanto sus orígenes como las principales orientaciones
a las que ha dado lugar y que han condicionado el estudio de la propia
psicología.
Se ha convenido en datar
el inicio de la psicología científica en el año 1879 (Tortosa, 1998). En esa fecha, en
de un
cuarto en el edificio «Konvikt», donde almacenó su equipo de demostración y los
aparatos experimentales. Precisamente en 1879 y en ese edificio, terminó
impartiendo sus clases y realizando sus experimentos. No obstante, el
laboratorio de Wundt no fue citado en el catálogo de la Universidad hasta 1883.
Diez años más tarde, el laboratorio se trasladó a un edificio ocupado por el
departamento de ginecología. Finalmente, en 1897 el «Instituto Psicológico » se
instaló en un edificio expresamente diseñado por el propio Wundt para la
investigación psicológica. En este laboratorio se formó un selecto grupo de
investigadores que, por primera vez, acometieron el estudio de la psicología desde
una perspectiva teórico-empírica. Así, por ejemplo, fueron alumnos suyos los
franceses Emil Kraepelin, Hugo Miinsterberg, Viktor Henri o B. Bourdon, y los
americanos Charles Spearman, Edward Titchener, Hugo Eckener o James McKeen
Cattell, entre otros.
Aunque existían otros candidatos, sobre Wundt recayó el
honor de ser el fundador de la psicología como ciencia. Su mérito estriba en
haberla definido como parcela del saber independiente de otras ciencias, con
una función propia dentro de las sociedades que apoyan su desarrollo, y
constituida con bases teóricoexperimentales. Es decir, el mérito que se
atribuye a Wundt no se debe a la superioridad de su doctrina psicológica (que
fue mal interpretada casi desde el comienzo), ni a ser un adelantado en la
aplicación del método de la fisiología (el experimental) a problemas tradicionalmente
tratados en filosofía (Rudolph Hermann Lotze, por ejemplo, aplicó anteriormente
este procedimiento), ni tan siquiera en la fundación del primer laboratorio
experimental (a la sazón William James trabajaba también en el suyo, igualmente
artesanal, en Harvard) o en la publicación de lo que podría considerarse como
un auténtico manual de la nueva disciplina (Principios de psicología, del
inglés Herbert Spencer, se publicó en 1855, mientras que Principios de
psicología fisiológica, de Wundt, data de 1873). En conclusión, podemos
decir que Wundt es más un símbolo que un generador de aportaciones reales al
estudio de la psicología.
Wundt plantea que el objeto de estudio de la psicología es
muy complejo, y propone abordado mediante una división en elementos más
simples. Estas unidades básicas pueden configurar una estructura, cuyo
desarrollo dependerá de la voluntad de la persona.
Asimismo, establece la psicología individual y la
psicología colectiva. La primera, como su nombre indica, estudia los «procesos
psicológicos» del individuo, apoyándose para ello en la fisiología; es decir,
constituye una psicofisiología. Sin embargo, la psicología colectiva estudia la
relación entre la mente individual y la de los demás, o la interrelación entre
las personas; es decir, es una etnopsicología. Intenta ser extremadamente
riguroso en su investigación sobre experiencias muy simples en áreas como la
percepción, la atención y la memoria. Hasta su época la psicología sólo se
encargaba de describir, pero Wundt no sólo pretende describir, sino también
explicar los procesos psicológicos.
Después
de Wundt y hasta nuestros días, el panorama psicológico se caracterizaría por
la aparición de las llamadas escuelas. A partir de la década de los treinta se
pueden identificar diferentes escuelas en psicología, entendiendo por escuelas (Wertheimer,
1970) las preferencias por determinados aspectos metodológicos o de contenido.
La diversidad y la fragmentación son dos de las primeras características de la
psicología científica. Es sintomático, también, que cada escuela se
diferenciase de las demás por el enfoque teórico, el énfasis sobre determinadas
áreas de estudio y las preferencias metodológicas. No se trata, por tanto, de
aspectos secundarios respecto a clarificar su propio concepto de «psicología».
Por consiguiente, es necesario realizar este tipo de
contextualización y acercamiento histórico en una introducción al estudio de
los procesos psicológicos. Ello permite concebir, desde el comienzo, una idea
clara de lo que es la psicología y el porqué se estudian diversas funciones o
procesos de las personas. Pero la psicología es una ciencia en la que desde muy
temprano nos encontramos con diferentes orientaciones o paradigmas; entre ellos
vamos a centramos en los tres que consideramos más importantes: los
mentalismos, los objetivismos y los cognitivismos. Existen otros paradigmas y
orientaciones, como la psicodinámica o la humanista, pero éstas carecen de
interés para nuestros fines, ya que no realizan prácticamente aportaciones al
estudio de los procesos psicológicos.

·
Los
mentalismos
Los mentalismos corresponden a una orientación que
entiende que la mente es el objeto de estudio de la psicología. Además,
históricamente es el primer enfoque en el estudio de la psicología científica.
En contraposición, es el enfoque que menos aporta y que cuenta con más ambigüedades.
La primera de éstas es su propio objeto de estudio, que resulta excesivamente
amplio. La otra fuente de ambigüedad radica en los términos psicológicos que
utiliza, los cuáles son excesivamente vagos, ya que no son propios, sino que
provienen del contexto de la filosofía. A pesar de esto, su visión nos ayuda a
comprender y delimitar lo que es la psicología actual.
Dentro de los mentalismos destacan dos corrientes: la
«estructuralista», que se interesa por los elementos que configuran el aparato
psíquico, utilizando para su estudio la introspección; y la «funcionalista»,
que se interesa por el valor funcional de la mente, con un trasfondo
evolucionista.
Edward Bradford
Titchener (1867-1927), discípulo de Wundt, propone que la descripción completa
de la consciencia sólo es posible a través del análisis de sus contenidos en
sus elementos más simples. Con lo que inaugura el estructuralismo, ya
que una de sus características de identidad es precisamente ésta, el atomismo o
estudio de la mente en sus elementos constitutivos. Pero además, el
estructuralismo considera que las sensaciones son las unidades básicas que
deben ser objeto de estudio, así como la estructura, lógica en la que ubicar
estos hechos y que el método más adecuado para realizado es la introspección'
en un contexto experimental.
Por su parte, el funcionalismo es una orientación que
no va a estudiar los contenidos, sino la forma, es decir, las funciones
adaptativas de la mente. Así, por ejemplo, William James, en sus, Principios
de psicología de 1890, defiende que los hábitos se definen básicamente no
por su representatividad, sino por su utilidad. Nos comportamos de un
modo determinado entre las posibles formas alternativas, porque es útil para la
adaptación al medio. Propone que la consciencia se dirige siempre hacia algún fin,
que es construido por la mente humana. La mente no puede ser descrita como un
conjunto de asociaciones inespecíficas.
Estas dos orientaciones, que hemos presentado casi
telegráficamente, constituyen el paradigma mentalista y comparten
características que las unifican. Por una parte, su objeto de estudio, trata
exclusivamente de los aspectos conscientes. Por otra parte, ambas proponen como
metodología básica la experimental, aunque complementada por la introspección,
siempre supeditada a la primera.
De esta orientación heredamos el estudio de las funciones
o de los procesos psicológicos. Así, nos interesaremos por la percepción, la
atención, el aprendizaje, la memoria, el pensamiento, el lenguaje, la
motivación y la emoción.
Algunas características definitorias del paradigma
mentalista son:
-
El método de estudio empleado es el experimental,
aunque el procedimiento utilizado para obtener la información es la introspección.
Se trata de un procedimiento subjetivo, que carece de fiabilidad y de
replicabilidad, por lo que ha sido objeto de múltiples críticas y su empleo ha
sido desterrado.
-
El
objeto de estudio son los estados elementales de conciencia o sus contenidos inmediatos,
entre los que se encuentran, por ejemplo, las percepciones, las emociones o las
voliciones.
·
Los objetivismos
Los objetivismos
corresponden a una orientación cuya principal preocupación es hacer una
psicología objetiva y positivista. Tienen sus orígenes en lo que se conoce como
la psicología objetiva rusa. Ivan Mijailovich Sechenov, en su obra de
1863 Reflejos cerebrales, plantea que la causa inicial de toda conducta
reposa siempre en la estimulación sensorial externa y no en el pensamiento. Es,
por tanto, una visión radical y reduccionista de la actividad humana.
Descriptivamente, para este paradigma la psicología se reduce al estudio de
asociaciones terminales entre elementos observables de entrada y salida. En
esta misma línea hay que destacar a Ivan Petrovich Pavlov, que introdujo el
concepto de reflejo condicionado como unidad elemental de análisis de toda
actividad aprendida por los organismos.
Lo que diferencia
esencialmente a la psicología objetiva rusa del conductismo americano es que la
primera apela a una explicación fisiológica de la descripción refleja, mientras
que el segundo niega cualquier necesidad de explicación o recurre a
explicaciones plenamente comportamentales. Metodológicamente, todas las
orientaciones objetivistas se definen radical y excluyentemente como experimentalistas.
John Broadus Watson se separa del funcionalismo y desarrolla el conductismo.
En su trabajo de 1913 La psicología desde el punto de vista del
conductista y con su libro Conductismo, de 1924, propone una
psicología sin ninguna apelación a mentalismos ni a fisiologismos, basada en la
manipulación del entorno estimular y la determinación de sus efectos sobre
criterios objetivos de conducta.
El objeto de estudio del conductismo es la conducta y el
objetivo es poder predecir el comportamiento de los organismos vivos y así
controlados. Para ello va a emplear el procedimiento analítico al uso en la época,
es decir, va a descomponer la conducta en elementos simples. Así, elementos de
la psicología del conductismo van a ser el estímulo y la respuesta. Se
le aplica un estímulo al organismo y se observa la respuesta que emite (su
método es parecido al de Wundt en lo referente a los elementos y al análisis
utilizado).
El conductismo hipotético desarrollado por Clark Leonard
Hull acepta los principios del conductismo, pero propone la necesidad de ampliarlos
con entidades hipotéticas, es decir, que no son directamente observables, aunque
pueden ser reconocidos por sus efectos, y que son necesarias para dar razón de
las mismas. En Principios de conducta plantea que la asociación entre estímulos
y respuestas directamente observables sólo es explicable teniendo en cuenta
entidades teóricas como mediadores en dicha asociación.
Por su parte, el conductismo operante creado por
Burrhus Frederick Skinner representa una novedad básica respecto a las
propuestas clásicas, al distinguir entre dos tipos de conductas aprendidas. En La
conducta de los organismos, de 1938, propone la expresión «aprendizaje
respondiente» para referirse al tipo analizado por Pavlov, restringiendo su
aplicación al dominio de las respuestas involuntarias; mientras que él se
centra fundamentalmente en el desarrollo del «aprendizaje instrumental», como
base descriptiva de las respuestas voluntarias. Skinner se diferencia del resto
de los conductistas en que no es un científico «estímulo-respuesta»; por
ejemplo, en el área de la conducta verbal no defiende la teoría de la
referencia directa. No es un mediacionista, puesto que aun sin negar las variables
hipotéticas, plantea que el control conductual no descansa en ellas y, por
tanto, carecen de interés. Por último, trabaja con clases funcionales de
estímulos y respuestas, y no con estos elementos como tales.

Las
características definitorias de los paradigmas objetivistas podemos
resumidas en:
-
Son
positivistas, ya que su objeto de estudio, la conducta, es un fenómeno susceptible
de observación directa y de cuantificación.
-
Son
asociacionistas, ya que explican el comportamiento en término de
asociación entre elementos.
-
Son
mecanicistas, ya que proponen la no existencia de diferencias
cualitativas entre comportamientos.
-
Son
evolucionistas, ya que plantean que las leyes que rigen el
comportamiento son compartidas por cualquier especie.